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Pasadas las 9:30 de la mañana se dio inicio a una nueva jornada de la III Asamblea Plenaria del Movimiento de Vida Cristiana (MVC). Luego de la oración inicial, Ignacio Blanco dictó la conferencia “Vivir una espiritualidad de la acción en el mundo actual” refiriéndose en primer lugar a la realidad mundial marcada por la acción desenfrenada y que plantea a los cristianos ciertos desafíos en torno al tema.
Ignacio explicó que la desvinculación de la acción humana de todo referente trascendente es una característica muy presente en la actualidad, una forma de ruptura del ser humano con Dios que trae consecuencias en el ser humano.
“El mundo pretende constreñir la actividad humana a la lógica autorreferencial, es decir, que se rija sólo por sus propias leyes y normas, excluyendo toda vinculación a quién es como persona y cuál es su destino”, agregó.
Ignacio explicó que frente a enfermedades espirituales como el activismo, la acedia y el agnosticismo funcional es necesaria una espiritualidad que permita vivir la vida cristiana en un mundo con este tipo de desafíos.
“Una de las características de nuestra espiritualidad es la de ser espiritualidad de la acción y para la acción. Esto nos deja la responsabilidad de ser fieles en conocerla, interiorizarla cada vez mejor para poder vivirla y comunicarla mejor”, dijo.
“¿Cuál es el sentido auténtico de nuestro ser y actuar? ¿Cuál es el horizonte definitivo de nuestra acción?” preguntó Ignacio a una atenta audiencia, recordándoles que “es el Señor Jesús el que da sentido a la acción y donde encuentra su significación ultima”.
“Sólo en Cristo y sólo desde Cristo el hombre puede comprender su terreno peregrinar adentrándose en una dimensión más profunda de su existencia, cumpliendo el Plan de Dios”, agregó.
Ignacio explicó algunos puntos concretos que pueden ayudar a vivir la espiritualidad de la acción. Indicó que la vivencia del lema “Oración para la vida y el apostolado, vida y apostolado hechos oración” permite una armonía entre oración y acción, haciendo de toda nuestra vida un acto de alabanza que de gloria a Dios.
Recordó que los momentos fuertes de oración, que nutren la vida y el apostolado, “son impostergables, esenciales, los que permiten que centremos nuestra vida y acción en el Señor Jesús. Son espacios en que me encuentro con el Señor, en el que se enraíza nuestra permanencia en Él y donde nos disponemos para el servicio apostólico y para la acción en general”.
Finalmente, Ignacio enumeró algunos medios concretos que ayudan a vivir una recta espiritualidad de la acción, tales como la obediencia que permite ser dóciles al Plan de Dios y hacerlo vida con coherencia; la presencia de Dios, como un ejercicio espiritual constante en todo momento del día; la consagración de las intenciones, haciendo explícito que nuestro actuar es motivado por amor en respuesta al llamado del Señor Jesús; el proceso de amorización, en el que nos encontramos con el Señor Jesús de la mano de Santa María; y el ejercicio de la prudencia que se presenta como disciplina de la conducta y una metodología para aproximarnos a la realidad.
Ignacio terminó su intervención en la Asamblea respondiendo interesantes preguntas de los delegados emevecistas, invitándolos a descubrir la misión que cada uno tiene en la vida, “el encargo recibido de Dios, el que hay que descubrir y al que hay que responder”, concluyó.
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